Presentación de Gigantes en Murcia: Críticas y Prensa

Aquí tenéis algunas de las entrevistas y críticas realizadas por la presentación en Murcia de Gigantes:

Lacronicadelpajarito

LaVerdad

Murciocio

PLAN RENOVE

Concierto: Carlos Vudú y El Clan Jukebox, presentación de su segundo álbum ‘Gigantes’. Formación: Carlos Vudú (voz, guitarras), Lucas Albaladejo (piano, órgano), Pedro Teruel (guitarra eléctrica), Sergio Masgrau (bajo) y Juan Gomariz (batería). Lugar: Teatro Circo Murcia, 24 de abril. Calificación: Notable.

La noche del viernes en el bello escenario del TCM echó a andar ‘Gigantes’, el segundo álbum de Carlos Vudú y el disco que debe aupar al murciano y a su Clan Jukebox a la zona alta del rock español. Debe ser así por calidad y por necesidad. Calidad, la de un artista capaz de escribir (y defender con solvencia en vivo) un puñado de canciones que aúnan buenas melodías, brillantes textos de corte emocional y potencial comercial; necesidad, la de un rock español que precisa de una urgente transfusión de sangre joven: uno echa un vistazo a palacio y, salvo Leiva, todos peinan canas. Plan renove o acta de defunción. No hay más opciones.
Nancy Sinatra saluda a la audiencia desde los altavoces con su ‘Bang bang’, mientras la banda aparece en escena entre aplausos. Gomariz marca un ritmo de batería y Vudú se acerca al micrófono, pero en vez de la habitual frase de bienvenida, suelta: “Arriba todos, esto es un concierto de rock and roll”. Las cosas claras desde el minuto uno. Pero no todo es actitud, de hecho las joyas de la corona son tiempos medios como ‘Invierno sin abrigo’ (“Vienen a buscarme jueces y verdugos / buscan al culpable que ha abandonado al mundo / como a un juguete roto en la orilla del camino”, ‘Arena y sal’ (“Mientras subo al escenario agarrado una vez más / a un vagón de sueños caros sin ticket de vuelta”) o esa cálida delicia de cocción lenta que es ‘Ha vuelto el petirrojo’ (“Rey de la ilusión, haz que encuentre el camino / para alzar la voz y enfrentarme al vacío”).
Carlos Vudú alterna con maestría las piezas de corte rítmico con las de mayor calado emocional en una suerte de ceremonia ágil e intensa a la vez y en la que no falta la voz de los desheredados, pero tampoco la de los indignados. Siempre desde una elegancia poética nunca obvia pero sí contundente y esperanzadora. Así dedicó ‘Agua turbia’ a los políticos que han robado por encima de sus posibilidades: “Parece difícil cambiar las cosas, pero es tan fácil como dejar de votar a quien no se lo merece”. Entre los habituales guiños que suele incluir en sus canciones, los hubo para ‘Like a rolling stone’ y ‘What’s going on’. Tampoco faltó una extraña adaptación de ‘Gracias por nada’, de La Cabra Mecánica.
Carlos Vudú y su Clan Jukebox interpretaron íntegro el disco de estreno, un ‘Gigantes’ que compartió relación con piezas de su debut ‘Cartas marcadas’. La sensación transmitida en todo momento es la de grupo grande, rodado, con recursos, buen repertorio y un frontman dominador. Una banda que tiene el presente y el futuro en sus manos. Tal vez por ello Lucas Albaladejo eligió presencia en Murcia a bolo con M Clan, que tocaban el mismo día y con quienes ejerce como teclista en directo. Insisto: renovación o muerte.

Jam Albarracín

 

 

Lucha de gigantes

 

Se trataba de presentar ‘Gigantes’ a sus mecenas,  de nuevo con producción de José Nortes y  contenido lírico mordaz e inteligente. Los chicos se han vuelto a dejar el corazón y el alma en su último disco, y aunque no haya sorpresas, el sabor que deja es sumamente reconfortante, más en los tiempos que corren, donde el virtuosismo y el talento no siempre están al servicio de la honestidad. Carlos Vudú se reafirma como gran cantante compositor, en los parámetros de un Quique González o del poeta eléctrico José Ignacio Lapido.  Lo de Carlos es otro asunto; ha ido creciendo en los últimos años de tal manera que su solvencia en directo es de sobra conocida, pues ahí, en escena, es donde en realidad se ha forjado su trayectoria y, por qué no, su mito, vista la devoción de los fieles.  El patio del Teatro Circo se llenó de incondicionales que siguieron el concierto con verdadero fervor.

Sonaba Nancy Sinatra con “Bang Bang”.Acto seguido, saltaron al escenario, como cinco forajidos crepusculares, los Jukebox, cuando empezó a sonar ese riff de guitarra inconfundible de un rock and roll, poniendo a todo el público en pie . El Clan Jukebox es una banda muy afianzada. En la batería está Juan Gomariz, un buldózer que sabe administrar los tiempos, con una pegada impresionante. Pedro Teruel al bajo, cumple con su papel a la perfección y hace las labores de coro . Teclados sublimes con Lucas Albaladejo al piano y hammond, haciendo las delicias del respetable en las canciones en que el piano cobra más importancia y,  por último, Sergio Masgrau, el guitarra surfero, eficaz en el papel de guitarrista. Un combo rítmico de altura, perfecto para la música que Vudú propone. Los Jukebox suenan compactos, lubricados y sin complejos. Puros y naturales, despojados de esa artificialidad fangosa en la que han sucumbido muchos de sus contemporáneos.

A Carlos Vudú se le reconocen los méritos, y despierta un respeto inusual por estas latitudes. Validarlo en directo es algo relativamente fácil para él, cuyos conciertos, sobrios y graves, si algo tienen, es la garantía de presentación, habida cuenta de su meticulosa y autoexigente profesionalidad. Su personal voz, sus melodías vocales y sus letras siguen marcando la pauta, sin dejar de lado su querencia por los sonidos americanos de rock clásico y blues, llevándoselos al terreno de un músico español. Pocos músicos en nuestro país pueden ofrecer una obra tan sobresaliente y personal, sujeta a la poesía, rebosante de inteligencia e ironía, inspiradora de un mundo particular donde la esencia del perdedor romántico alumbra al oyente. La música, independientemente de etiquetas, triunfa cuando se hace con el cariño, la honestidad y la pasión que músicos como él  destilan.

El concierto fluyó inspirado y potente. Interconectando canciones de su más reciente disco, Vudú exhibió su maestría en la dosificación de los tiempos, dejando espacio a los alardes del ‘guitarrista surfero’ con las seis cuerdas, y a los glisandos fulminantes de Lucas al órgano y el piano. Vaya por delante que ’Gigantes’ (al igual que ‘Cartas marcadas’; las referencias no han variado en exceso ) es un disco compensado, en el que tanto la faceta más íntima como la más rockera del compositor tienen cabida.

Con el público entregado desde el comienzo, arrancaron con la sinuosa ‘Al ritmo de tu cuerpo’, seguida de la vibrante ‘La reina del baile’, que termina con un guiño a “Jessica” de Allman Brothers, y ofrecieron un repaso al nuevo disco con la titular, ’Gigantes’ y ’Arena y sal’ , de ligero barniz psicodélico, paseando por el blues-rock polvoriento (‘Cuando las calles gritan‘), que pareció cerrar con unas notas de ‘Carmen‘. También  redujeron el peso de la gravedad y pusieron al respetable con la piel de gallina en  “Ha vuelto el petirrojo”, una canción inspirada en un poema de José Ramón Pastor,  que podría haber firmado Lapido, o un Tom Petty luminoso, pero es de Carlos Vudú.  ¡Cuánta grandeza! En  ‘Agua turbia‘ bramó denunciando la corrupción, y siguió con. canciones que apuntan madurez y estilo: rock de raíz americana (‘Tratados de soledad’,  evocadora de Tom Petty, Ryan Adams o The Jayhawks), melodías y acompañamientos desenfadados (‘Malas intenciones’, que abre una vertiente mucho más british),  evocaciones nostálgicas de canción acústica (’ Uno de los nuestros‘) … Ya en la recta final, ‘Mientras puedas‘, cantada por todo el público de principio a fin, fue uno de esos momentos de pelos de punta, que  empalmaron con ‘Mira donde estoy’, ya de por sí un tema maravilloso, alargándolo con un solo realmente espectacular que les sirvió como declaración de intenciones.

En el bis, Vudú salió solo con su acústica para cantar ’Entre las cuerdas’, que no puedo evitar asociar a Johnny Cash: le acompañó la armónica de Javier Maillo, que también dejó su huella.  El delirio llegó con la titular “Cartas Marcadas’, que incluyó una cita de ‘Like a rolling stone, interpretada con esa ilusión que hace de un concierto ese algo suficiente para distinguir entre rutina y ocasión especial. Y para la despedida, una autoparódica ‘Rock & Roll de cloacas’.de aroma stoniano, puso fin a un concierto que ninguno de los que allí estábamos queríamos que acabase. Una brizna más de esperanza para un músico que nunca se deja vencer por el pesimismo y celebra la vida.

Ángel Sopena